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abejorroUn recuerdo oportuno, en esta época de bichos…

 

 

 

 

 

 El principito. Antoine De Saint-Exúpery, pags.56-58, Edit. Distribuciones Fontamara.

El cuarto planeta era el de un hombre de negocios, el cual se encontraba tan ocupado que ni siquiera levantó la cabeza para ver al principito cuando llegó.

-         ¡Buenos días!- le dijo el principito-. Su cigarro se ha apagado.

-         Tres y dos son cinco. Cinco y siete, doce. Doce y tres quince. ¡Buenos días!. Quince y siete veintidós. Veintidós y seis, veintiocho. No tengo tiempo para encenderlo nuevamente. Veintiséis y cinco, treinta y uno. ¡Uf!Esto da un total de quinientos un millones seiscientos veintidós mil setecientos treinta y uno.

-         ¿Quinientos millones de qué?

-         ¡Eh! ¿Sigues ahí? Quinientos millones de ya no sé…¡Tengo mucho trabajo! Yo soy una persona seria, no me divierto con tonterías. Dos y cinco siete.

-         ¿Quinientos millones de qué? – repitió el principito, que nunca en su vida había renunciado a una pregunta, una vez que la había formulado.

El hombre de negocios levantó la cabeza:

-         En los cincuenta y cuatro años que tengo de habitar en este planeta, sólo he sido molestado tres veces. La primera vez fue hace veintidós años por un abejorro que cayó sabe Dios de donde. Produjo un ruido tremendo y esto me hizo cometer cuatro errores en una suma. La segunda vez fue hace once años, debido a una crisis de reumatismo. No hago suficiente ejercicio; no tengo tiempo para pasear. Soy una persona seria.¡Y la tercera vez es ésta! Bueno, estaba yo diciendo quinientos un millones…

-         ¿Millones de qué?

El hombre de negocios comprendió entonces que no había esperanzas de paz.

-         Millones de esas cosas que se ven a veces en el cielo.

-         ¿Moscas?

-         ¡No! Pequeñas cosas que brillan.

-         ¿Abejas?

-         ¡Pero no! Cositas doradas que hacen fantasear a la gente perezosa. Yo soy una persona seria, no tengo tiempo para fantasear.

-         -¡Ah! ¿Estrellas?

-         Si, estrellas.

-         ¿Y qué es lo que haces tú con quinientos millones de estrellas?

-         Quinientos un millones seiscientos veintidós mil setecientos treinta y uno. Soy una persona muy seria, soy muy preciso.

-         ¿Y qué es lo que haces con esas estrellas?

-         ¿Qué hago?

-         Sí.

-         Nada, poseerlas.

-         ¿Posees las estrellas?

-         Si.

-         Pero yo he visto un rey que…

-         Los reyes no poseen nada, simplemente reinan.

Es muy diferente poseer que reinar.

-         ¿Y para qué te sirve poseer las estrellas?

-         Me sirve para ser rico.

-         ¿Y para qué sirve ser rico?

-         Para comprar otras estrellas, si es que alguien las encuentra.

Este razona un poco como el bebedor, se dijo para sí el principito. Sin embargo, continuó preguntando.

-¿Cómo puede uno poseer las estrellas?

-¿De quién son?-replicó, hosco, el hombre de negocios.

- No lo sé. De nadie.

-Entonces son mías, pues soy el primero en haber pensado en esto.

-¿Es suficiente?

-Desde luego. Cuando encuentras un diamante que no le pertenece a nadie, es tuyo. Cuando encuentras una isla que no es de nadie, la patentas y es tuya. Yo posea las estrellas, pues nunca nadie soñó con poseerlas.

-Es cierto-dijo el principito-.¿Y qué es lo que tú haces con las estrellas?

-Las administro. Las cuento y las recuento-dijo el hombre de negocios-.Es difícil, pero soy un hombre serio.

El principito, que no estaba del todo satisfecho con las respuestas, siguió preguntando.

-Si yo poseo un pañuelo, puedo ponerlo alrededor de mi cuello y llevármelo. Y si poseo una flor, puedo cortarla y llevármela. Pero tú no puedes cortar las estrellas.

-Eso no, pero puedo depositarlas en el banco.

-¿Qué quieres decir con eso?

-Eso quiere decir que yo escribo en un papelito el número exacto de mis estrellas. Después cierro el papelito bajo llave en un cajón.

-¿Eso es todo?

-Es suficiente.

Esto es divertido, pensó el principito, y bastante poético. Pero no resulta serio.

El principito tenía ideas muy diferentes con respecto a las cosas serias de las personas mayores.

-Yo-dijo aún-poseo una flor que riego todos los días. También poseo tres volcanes que deshollino cada semana. Pues deshollino también el que está apagado. Uno nunca sabe.  Es útil para mis volcanes y es útil para mi flor el que yo los posea.  Pero tú no eres útil para las estrellas…

El hombre de negocios abrió la boca para responder, pero no encontró respuesta y el principito se fue. Definitivamente, las personas mayores son enteramente raras, se dijo simplemente el principito y continuó su viaje.

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Última modificación: 31 de December de 2008